¿Que tiene que ver una llave en mal estado con la educación y los valores sobre los cuales trato de escribir semana a semana? Quizá el título de esta reflexión parezca extraño a primera vista a los lectores y lo entiendo. Trataré de explicarlo con una simple historia, real y efectiva, vivida por mí en una oficina pública a la cual debo ir de vez en cuando por mi trabajo.
En el baño de hombres de la misma, cuando fui por primera vez en agosto del 2006 me encontré con un cartel que decía textualmente “Llave en mal estado. No abrir” como un modo de advertirnos a los usuarios que había una llave que no se podía usar porque seguramente salpicaría agua o sencillamente después no se cerraría con facilidad. Por supuesto que yo no he cometido el desacato de sobrepasar el contenido y el mandato de este cartel, esperando siempre que en un corto tiempo esa llave sería reparada por aquellos que están encargados de velar por estos aspectos de la gestión administrativa.
Cual sería mi sorpresa cuando la semana pasada fui nuevamente a esa institución y me encontré con ese cartel, como un dueño indiscutible de esa llave en mal estado. Lo importante, me dije, no es el hecho de arreglar la llave, sino el cartel que dice que la llave está en mal estado. Con eso quedan liberadas las responsabilidades de aquellos que deben mantener en buen funcionamiento los aparatos higiénicos de ese y otros baños. Es algo similar a lo que sucede cuando en las carreteras se pone el conocido letrero, “cuidado, pavimento en mal estado” o en los estacionamientos de automóviles cuando aparece el letrero que dice que ahí los dueños o administradores del local no se hacen responsables de nada: ni de robos, ni de choques, ni de incendios, de nada, nada de nada, como si no tuviesen la obligación de asumir un seguro para los autos que reciben para ser cuidados y no sólo estacionados.
Suena muy a Chile este tipo de carteles. Suena a mala costumbre. Algo similar cuando una persona el otro día le dije “podríamos pintar esa muralla de blanco” a lo cual me respondió “pero para que, si el blanco se ensucia tanto”. Le respondí, medio en broma medio en serio, que en Europa las casas de algunos pueblos españoles u holandeses, por ejemplo, eran blancas, pese a la tierra y viento castellano o a la abundante lluvia holandesa. Le agregué: lo que sucede es que en esos países se preocupan por mantener en buen estado lo que hacen o lo que poseen. No destruyen lo viejo, por ser viejo, sino que lo reparan para que las nuevas generaciones gocen de la historia de esas obras arquitectónicas. ¿Se imaginan que los franceses destruyeran sus castillos por el hecho de ser antiguos, o los holandeses demolieran sus molinos por el simple hecho de ser poco modernos? O más fácil aún, se imaginan que los mexicanos demolieran las construcciones mayas o aztecas porque no corresponden a la modernidad actual de los edificios de vidrios? Muy por el contrario, ellos, todos lo que tienen aprecio por su cultura y respetan su historia, cuidan lo que tienen, lo mantienen, les dan cariño a sus bienes. Otro ejemplo: uno podría pensar que los cubanos no deben cuidar la Habana la Vieja, porque fue construida por el imperialismo español y como ellos luchan contra todo tipo de imperialismo, deberían demoler esa muestra arquitectónica que no coincide con sus postulados ideológicos. Muy por el contrario, hoy ellos gastan parte importante de su presupuesto cultural en mantener esa vieja ciudad lo mejor que se puede para dar cuenta de su historia, de sus bienes, de su amor por el mundo circundante, de lo que sucedió en el pasado, que los llevó a ser lo que son.
Mi llave, la del letrerito, seguirá seguramente un año o dos años más en ese mismo estado. Se cambiará el letrero, pasarán nuevos administradores, y seguiremos mirándola con indiferencia. Total, es sólo una llave y… ¿realmente vale la pena reflexionar sobre esa pobre llave en mal estado, que, dejada a su suerte, como tantas otras cosas de nosotros los chilenos, tendrá que sobrevivir tal como hoy hasta que llegue alguien y se preocupe de ella, con algo de dedicación, con algo de profesionalismo, con algo de responsabilidad?
Yo siento mucho no saber arreglar llaves y lamento que la educación recibida, que me enseñó tanto de historia universal, de la anatomía del cuerpo humano, de geometría y de distintas literaturas, no me haya enseñado siquiera a arreglar una modesta llave con mis propias manos.
Gabriel de Pujadas Hermosilla
Educador y Sociólogo
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