Desde mi personal perspectiva la institucionalización del género en Chile pasa por distinta etapas y actores. Seguramente no son todas las que menciono pero seguramente están dentro de las mas relevantes en esta materia. Si no es así conocedoras más profundas sobre la materia podrán hacer sus observaciones y críticas respectivas, las cuales serán siempre bien venidas en este proceso de aprendizaje.
Una de ellas es el movimiento de mujeres, que se gesta a partir de fines del siglo XIX cuando se conforman las primeras agrupaciones de mujeres, dedicadas a tareas de sobrevivencia, bienestar social y el mejoramiento de las condiciones laborales. Es preciso destacar que en esta época la inmigración del campo a la ciudad comienza a tomar fuerza, creándose focos de pobreza importantes (conventillos y comienzo de las poblaciones callampas), pero que a la vez permitió el contacto entre mujeres que compartían el miserable hábitat físico pero seguramente rico en posibilidades de intercambios culturales y comunitarios.
Una segunda etapa está marcada como continuación de la primera, pero caracterizada por una acentuada tendencia a la creación de sectores marginales, con el crecimiento explosivo de las zonas marginales (poblaciones callampas). El conventillo, situado en el medio de la ciudad en barrios céntricos (algunos daban como ejemplo el hecho de que habían conventillos, hasta hace pocas décadas, a dos cuadras de La Moneda), es suplantado como producto de las inmigraciones crecientes a la ciudad desde el campo, por poblaciones pobres, sin servicios mínimos de habitación, salud o educación. Es en este tiempo cuando el país comienza su proceso de industrialización (crecimiento hacia adentro; sustitución de las importaciones), mediante la creación de grandes empresas productivas y de servicios estatales, que a su vez permite engrosar los empleos públicos y con ello reforzar a una clase media emergente nacida en las primeras décadas del siglo XX. Más mujeres, aunque minoritariamente, pasan a integrar el aparato del Estado y se integran a la clase media, pero la mayoría sigue desarrollando ocupaciones que hoy denominamos “trabajo domestico no remunerado” y además tareas de servicios (en el comercio, en hogares distintos a los propios, costureras, lavanderías, etc.) que hoy son las medianas, pequeñas y micro empresas que constituyen una considerable fuente de empleos (mal remunerados e inestable, sin condiciones sociales adecuadas).
Una tercera etapa la constituye el hecho de la conquista del Voto, el que se logró totalmente en 1949, gracias a la lucha de mujeres destacadas. Esto abre posibilidades importantes para la participación política de las mujeres en cargos de representación popular, ero a la fecha estas posibilidades no han sido cristalizadas por diversos motivos, que no son el objetivo de este trabajo. Lo importante es señalar que la conquista del voto para las mujeres marcó un hito, y por cierto muy significativo en la institucionalización del género, pero no produjo de manera automática la participación política de las mismas en el sistema político nacional. Queda aún mucho camino por recorrer en estas materias y existen estudios sobre lo mismo.
Una cuarta etapa comienza en los albores del año 1973, cuando las mujeres tienen una fuerte presencia en las organizaciones campesinas, organizaciones poblacionales, sindicales, técnicas y profesionales, en donde se destacan por su participación y liderazgo. Con el Golpe de Estado del año 1973, la presencia de las mujeres, que han tenido como eje la democracia, pierde fuerza momentáneamente, para posteriormente reorganizarse a través de organizaciones de resguardo y lucha por los Derechos Humanos, en los movimientos sindicales y profesionales y en distintas Organizaciones no Gubernamentales (ONGs), todas las cuales reciben importantes aportes de organizaciones internacionales y ayuda de países amigos, como también de las dirigencias políticas que viven el exilio o nacionales. El número de ONGs que nos presenta el texto es importante de considerar al igual que los objetivos que ahí se mencionan.
En esta misma etapa las mujeres, constituidas en distintas organizaciones, unen en pro de objetivos comunes como lo fue la conquista de la democracia perdida debido al Golpe de Estado del año 1973. En estas redes de mujeres en pro de la democracia participan activamente los grupos feministas, de antigua data de origen, conformados por mujeres profesionales de clase media ilustrada; los grupos de defensa de los derechos humanos compuesto por mujeres de sectores medios y populares, no profesionales en su mayoría y por las mujeres que participaban en las organizaciones de mujeres de los sectores populares incluyendo un amplio espectro de las mismas.
Una quinta etapa, que es preciso distinguir con claridad, es la etapa que comienza con la recuperación de la democracia, para algunos/as netamente formal y no real. En esta etapa se recompone el rol del Estado, una vez pasados 17 años de implementación de un modelo neoliberal, en donde el Estado va perdiendo su fuerza y poder. Se plantea, como justificación de esto, la necesidad de ser flexible ante las exigencias del mercado, por una parte y por otra, por las necesidades de modernización del mismo. “Un Estado pequeño, pero musculoso”, fue la idea central a la cual muchas mujeres se acoplan, cambiando el giro de la flexibilidad de los movimientos de mujeres de las décadas anteriores, por un elevado interés en institucionalizarse en el aparato del Estado, profesionalizándose e intentando descentralizarse en términos de contenidos y ubicación geográfica. Esta presencia en el Estado permite “el debilitamiento de los sujetos colectivos de mujeres, la elitización de los procesos de toma de decisiones y la crisis de representación de intereses”.
Una sexta etapa, la actual, se genera por la creación del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), el cual fue creado por la Ley 19.023 publicada el 3 de Enero de 1991, mediante el cual se intenta cumplir con los compromisos internacionales firmados por el país, especialmente hacer carne la CEDAW, es decir, la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. En el cumplimiento de esta misión el SERNAM crea Direcciones Regionales (en la actualidad 15, de acuerdo a las regiones existentes en el país) las cuales llevan a cabo tareas propias a los Programas que el servicio ha puesto en marcha: prevención de la violencia intrafamiliar (VIF); Programa Jefas de Hogar; Programa de Participación Ciudadana y Programa de Buenas Prácticas Laborales. Paralelamente, su estructura central cuenta con Departamento a los cuales se le asignan tareas permanentes: relaciones intersectoriales, estudios y capacitación, coordinación regional y local y otros de carácter más administrativo, financiero y legal.
El trabajo del SERNAM se guía, como lo dice el texto, por el Plan de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres, cuya primera versión correspondió al periodo 1994-1999. La segunda versión corresponde al período 2000-2010, pero en el ínter tanto se desarrolla la Agenda de Género, que es una forma de cristalizar los mandatos de los Planes antes mencionados, estableciendo obligaciones para el propio SERNAM como el resto de la administración pública. Se crean una serie de instrumentos de transversalización de género en la administración del Estado, se influye en las orientaciones presupuestarias con contenido de género, en regiones se ponen en marcha las Comisiones PRIO, se participa activamente en los Gabinetes Regionales, y así como esto, una serie de otras acciones como el desarrollo de los PMG de Género, validos para más de 160 servicios del Estado, los Compromisos Ministeriales (COMIN), asumidos y aprobados por el Consejo de Ministros por la Igualdad de Oportunidades bajo la dirección de la Ministra Directora del SERNAM y así como éstas acciones muchas otras largas de comentar. Cabe destacar, y lo hago por interés propio, los diversos estudios que se elaboran bajo la conducción de SERNAM y el sistema de capacitación de los funcionarios públicos en materias de equidad de género e igualdad de oportunidades.
En esta etapa aparecen algunas ideas y ejes temáticos de interés para reconocer la historia de este servicio que marca una suerte de “culminación abierta” de un proceso de institucionalización de la presencia de la Mujer en el Estado, con la posibilidad cierta de influir en modificaciones legales que han cambiado, en alguna medida, las diferencias y brechas existentes entre mujeres y hombre de este país. Quedaría por reflexionar, entre otras cuestiones, cual ha sido el rol de las Universidades y centros de reflexión en esta tarea de superación de brechas y logro de una mayor equidad de género, como también saber apreciar en toda su dimensión el trabajo que siguen realizando las organizaciones de mujeres y las ONGs especializadas en materias de género. Desde mi personal perspectiva, la creación del SERNAM marca uno de los factores importantes que han incidido en la institucionalización del género en Chile. Por cierto, no el único, pues existe una historia larga en este camino, pero si uno de los más importantes.
Gabriel de Pujadas Hermosilla
Educador y Sociólogo
depunet@gmail.com
Una de ellas es el movimiento de mujeres, que se gesta a partir de fines del siglo XIX cuando se conforman las primeras agrupaciones de mujeres, dedicadas a tareas de sobrevivencia, bienestar social y el mejoramiento de las condiciones laborales. Es preciso destacar que en esta época la inmigración del campo a la ciudad comienza a tomar fuerza, creándose focos de pobreza importantes (conventillos y comienzo de las poblaciones callampas), pero que a la vez permitió el contacto entre mujeres que compartían el miserable hábitat físico pero seguramente rico en posibilidades de intercambios culturales y comunitarios.
Una segunda etapa está marcada como continuación de la primera, pero caracterizada por una acentuada tendencia a la creación de sectores marginales, con el crecimiento explosivo de las zonas marginales (poblaciones callampas). El conventillo, situado en el medio de la ciudad en barrios céntricos (algunos daban como ejemplo el hecho de que habían conventillos, hasta hace pocas décadas, a dos cuadras de La Moneda), es suplantado como producto de las inmigraciones crecientes a la ciudad desde el campo, por poblaciones pobres, sin servicios mínimos de habitación, salud o educación. Es en este tiempo cuando el país comienza su proceso de industrialización (crecimiento hacia adentro; sustitución de las importaciones), mediante la creación de grandes empresas productivas y de servicios estatales, que a su vez permite engrosar los empleos públicos y con ello reforzar a una clase media emergente nacida en las primeras décadas del siglo XX. Más mujeres, aunque minoritariamente, pasan a integrar el aparato del Estado y se integran a la clase media, pero la mayoría sigue desarrollando ocupaciones que hoy denominamos “trabajo domestico no remunerado” y además tareas de servicios (en el comercio, en hogares distintos a los propios, costureras, lavanderías, etc.) que hoy son las medianas, pequeñas y micro empresas que constituyen una considerable fuente de empleos (mal remunerados e inestable, sin condiciones sociales adecuadas).
Una tercera etapa la constituye el hecho de la conquista del Voto, el que se logró totalmente en 1949, gracias a la lucha de mujeres destacadas. Esto abre posibilidades importantes para la participación política de las mujeres en cargos de representación popular, ero a la fecha estas posibilidades no han sido cristalizadas por diversos motivos, que no son el objetivo de este trabajo. Lo importante es señalar que la conquista del voto para las mujeres marcó un hito, y por cierto muy significativo en la institucionalización del género, pero no produjo de manera automática la participación política de las mismas en el sistema político nacional. Queda aún mucho camino por recorrer en estas materias y existen estudios sobre lo mismo.
Una cuarta etapa comienza en los albores del año 1973, cuando las mujeres tienen una fuerte presencia en las organizaciones campesinas, organizaciones poblacionales, sindicales, técnicas y profesionales, en donde se destacan por su participación y liderazgo. Con el Golpe de Estado del año 1973, la presencia de las mujeres, que han tenido como eje la democracia, pierde fuerza momentáneamente, para posteriormente reorganizarse a través de organizaciones de resguardo y lucha por los Derechos Humanos, en los movimientos sindicales y profesionales y en distintas Organizaciones no Gubernamentales (ONGs), todas las cuales reciben importantes aportes de organizaciones internacionales y ayuda de países amigos, como también de las dirigencias políticas que viven el exilio o nacionales. El número de ONGs que nos presenta el texto es importante de considerar al igual que los objetivos que ahí se mencionan.
En esta misma etapa las mujeres, constituidas en distintas organizaciones, unen en pro de objetivos comunes como lo fue la conquista de la democracia perdida debido al Golpe de Estado del año 1973. En estas redes de mujeres en pro de la democracia participan activamente los grupos feministas, de antigua data de origen, conformados por mujeres profesionales de clase media ilustrada; los grupos de defensa de los derechos humanos compuesto por mujeres de sectores medios y populares, no profesionales en su mayoría y por las mujeres que participaban en las organizaciones de mujeres de los sectores populares incluyendo un amplio espectro de las mismas.
Una quinta etapa, que es preciso distinguir con claridad, es la etapa que comienza con la recuperación de la democracia, para algunos/as netamente formal y no real. En esta etapa se recompone el rol del Estado, una vez pasados 17 años de implementación de un modelo neoliberal, en donde el Estado va perdiendo su fuerza y poder. Se plantea, como justificación de esto, la necesidad de ser flexible ante las exigencias del mercado, por una parte y por otra, por las necesidades de modernización del mismo. “Un Estado pequeño, pero musculoso”, fue la idea central a la cual muchas mujeres se acoplan, cambiando el giro de la flexibilidad de los movimientos de mujeres de las décadas anteriores, por un elevado interés en institucionalizarse en el aparato del Estado, profesionalizándose e intentando descentralizarse en términos de contenidos y ubicación geográfica. Esta presencia en el Estado permite “el debilitamiento de los sujetos colectivos de mujeres, la elitización de los procesos de toma de decisiones y la crisis de representación de intereses”.
Una sexta etapa, la actual, se genera por la creación del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), el cual fue creado por la Ley 19.023 publicada el 3 de Enero de 1991, mediante el cual se intenta cumplir con los compromisos internacionales firmados por el país, especialmente hacer carne la CEDAW, es decir, la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. En el cumplimiento de esta misión el SERNAM crea Direcciones Regionales (en la actualidad 15, de acuerdo a las regiones existentes en el país) las cuales llevan a cabo tareas propias a los Programas que el servicio ha puesto en marcha: prevención de la violencia intrafamiliar (VIF); Programa Jefas de Hogar; Programa de Participación Ciudadana y Programa de Buenas Prácticas Laborales. Paralelamente, su estructura central cuenta con Departamento a los cuales se le asignan tareas permanentes: relaciones intersectoriales, estudios y capacitación, coordinación regional y local y otros de carácter más administrativo, financiero y legal.
El trabajo del SERNAM se guía, como lo dice el texto, por el Plan de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres, cuya primera versión correspondió al periodo 1994-1999. La segunda versión corresponde al período 2000-2010, pero en el ínter tanto se desarrolla la Agenda de Género, que es una forma de cristalizar los mandatos de los Planes antes mencionados, estableciendo obligaciones para el propio SERNAM como el resto de la administración pública. Se crean una serie de instrumentos de transversalización de género en la administración del Estado, se influye en las orientaciones presupuestarias con contenido de género, en regiones se ponen en marcha las Comisiones PRIO, se participa activamente en los Gabinetes Regionales, y así como esto, una serie de otras acciones como el desarrollo de los PMG de Género, validos para más de 160 servicios del Estado, los Compromisos Ministeriales (COMIN), asumidos y aprobados por el Consejo de Ministros por la Igualdad de Oportunidades bajo la dirección de la Ministra Directora del SERNAM y así como éstas acciones muchas otras largas de comentar. Cabe destacar, y lo hago por interés propio, los diversos estudios que se elaboran bajo la conducción de SERNAM y el sistema de capacitación de los funcionarios públicos en materias de equidad de género e igualdad de oportunidades.
En esta etapa aparecen algunas ideas y ejes temáticos de interés para reconocer la historia de este servicio que marca una suerte de “culminación abierta” de un proceso de institucionalización de la presencia de la Mujer en el Estado, con la posibilidad cierta de influir en modificaciones legales que han cambiado, en alguna medida, las diferencias y brechas existentes entre mujeres y hombre de este país. Quedaría por reflexionar, entre otras cuestiones, cual ha sido el rol de las Universidades y centros de reflexión en esta tarea de superación de brechas y logro de una mayor equidad de género, como también saber apreciar en toda su dimensión el trabajo que siguen realizando las organizaciones de mujeres y las ONGs especializadas en materias de género. Desde mi personal perspectiva, la creación del SERNAM marca uno de los factores importantes que han incidido en la institucionalización del género en Chile. Por cierto, no el único, pues existe una historia larga en este camino, pero si uno de los más importantes.
Gabriel de Pujadas Hermosilla
Educador y Sociólogo
depunet@gmail.com