Ya lo hemos dicho de manera insistente. Existen varias razones para cambiar el modelo educacional chileno, que muestra signos de agotamiento observados en los resultados obtenidos mediante la aplicación de “pruebas objetivas a nivel nacional” y un cuantiosa inversión (¿o gastos?) de recursos. Sintetizaremos sólo algunas de estas, en el entendido que es preciso ahondar en su análisis y propuestas en un documento futuro
1.- El sistema educacional, asume a partir del año 1990 y como continuidad de la política de Pinochet (aceptación en los hechos de la LOCE), un sistema marcado por una diversificación administrativa que no se condice con la necesaria unidad de gestión que es preciso tener para un sistema como el escolar. Se acepta, en la práctica y bajo consideraciones políticas, el modelo administrativo de una diversidad de gestiones educacionales: educación municipal, particular pagada y particular subvencionada. Todas, en gran medida, sin control efectivo de parte del Estado y atomizadas en su gestión interna. Se hace necesario llevar a cabo la creación de un organismo de supervisión y efectivo control de la calidad, lo que fuera planteado, ya hace algunos años, por el Colegio de Profesores en su último Congreso Nacional de Educación (lo planteó en términos de crear una superintendencia de educación, idea que fuera asumida por el Ministro Martín Zilic). No obstante la importancia de los cambios de la estructura organizacional del sistema y sus diversas formas de gestión y financiamiento, éstas son condiciones necesarias, pero no suficientes, para lograr una educación adecuada para el desarrollo de nuestro pueblo (eliminamos el concepto de educación de calidad, por considerarlo un concepto que introduce muchos equívocos operativos y de políticas públicas)
2.- Se asume para nuestro sistema educacional, la equivocada idea de focalizar el currículo escolar en lo que se denomina la lecto-escritura y el cálculo, como focos iniciales de los aprendizajes desde la educación básica. Clara influencia del Banco Mundial para toda América Latina en los años 90, en donde se llevan reformas educacionales marcadas por este signo. Hoy es aún más preciso, por los avances tecnológicos e informáticos, comenzar la educación por donde hay que comenzarla, es decir, por el aprendizaje de las sensaciones y percepciones, mediante el trabajo manual, que nos da sentido del tiempo y el espacio. Sin duda es un planteamiento pedagógico, necesario de expresar por su carácter esencial. Sobre esta base, realista en término de tiempos y espacios, enseñados y aprendidos en el sistema escolar es posible desarrollar la capacidad de diseño en nuestros niños y jóvenes, para agregar valor a nuestros productos naturales y calidad de los servicios, mecanismos que nos podrían ayudar a superar la pobreza y entrar en el ámbito de las innovaciones y el desarrollo contemporáneo. Mediante este esfuerzo es posible pensar en la introducción profunda y acelerada de una enseñanza que nos permita entrar a la creatividad del mundo virtual y las redes de comunicación existentes hoy en el mundo, aceptando la idea de que en este ámbito cada vez más la “tierra es plana”, intercomunicada, lo cual producirá cambios notables en la economía y en la vida social cotidiana.
3.- Es preciso retomar la idea de la “enseñanza de los valores” y “el desarrollo de las identidades de las comunidades locales y nacionales” frente al fenomenal desarrollo de la globalización y los mercados internacionales, que permean toda la estructura organizacional de las sociedades y sus orientaciones valóricas básicas. Frente a la macdonalización del mundo, es preciso rescatar, a nivel de las personas y comunidades, sus valores culturales propios, sin caer en un viejo chauvinismo de creer que el centro del universo somos nosotros mismos. La enseñanza de los valores implica reintroducir en el sistema educacional, hoy caracterizado por su relativismo y superficialidad, los proyectos de vida y los proyectos de sociedad (en los niveles respectivo) planteando proyectos que se inserten en miradas globales que permitan dar significado a los hechos particulares y a la vida cotidiana. La superación de la desesperanza aprendida y la falta de sentidos de la juventud pasa, de alguna manera, por este trabajo educacional profundo que es preciso que los profesores retomen desde su función como educadores.
4.- Es indispensable revitalizar, mediante una política pública expresa, una mirada de respeto y admiración social hacia la tarea educativa realizada por los profesores. Nunca más una reforma educativa en que la opinión de los profesores no sea considerada como central, tal como ha venido sucediendo a partir de los años 90, por la influencia de las tecnocracias internacionales y nacionales (los expertos e iluminados del campo de las ciencias sociales y la sicología) que dirigieron el sistema educacional chileno, sin contrapesos. Es preciso volver la mirada hacia la didáctica (el arte de enseñar) y no sólo hacia las ciencias de la educación (formación universitaria intelectualista), que enseña a “comprender” los fenómenos educativos de la enseñanza y el aprendizaje, pero que no nos enseña a “manejar” dichas enseñanzas y aprendizajes.
5.- La última idea, es tratar de comprender, mediante observatorios educacionales, en que consiste “la nueva cultura de la juventud o juventudes” y “las nuevas formas de hacer familia”. Ambos factores son cruciales de ser comprendidos desde una perspectiva fenomenológica si queremos abonar en buen campo nuestros esfuerzos educacionales. La superación de las diversas anomias sociales (droga, violencia, etc.) pasa por comprender a lo menos estos dos ámbitos de la vida social y sus sentidos más profundos, que claramente no responden a miradas tradicionales sobre la realidad. Desentrañar el signo de los tiempos de la juventud y la familia, es un elemento clave para nuestro cambio de modelo educacional.